La ceguera

La ceguera

El mundo, no solo los Estados Unidos, es rehén de un grupo de ciegos que nos dirigen hacia un acantilado por el que muchos de nosotros (incluidos algunos de estos guías) podemos caer. Por supuesto, me refiero al Tea Party y sus seguidores, que han saboteado un acuerdo para poder evitar el colapso económico del gobierno norteamericano, y no son más de treinta.

La tantas veces repetida sentencia de que podemos aprender de las lecciones de la historia para evitar presentes y futuras dificultades es aplicable en esta coyuntura. Hace más de dos mil años un pequeño grupo de hombres con una opinión sobre ellos mismos y sobre los motivos que les movían bastante discordante de la realidad, se opusieron a la votación de la mayoría del Senado Romano para que tanto César como Pompeyo desmovilizaran sus respectivas fuerzas y se les asegurara a los dos la capacidad de presentarse al cargo de Cónsul sin tener que comparecer en Roma, esto les aseguraría la inmunidad y les evitaría caer en manos de sus enemigos mediante argucias legales.

Este acuerdo, no solo habría evitado la guerra civil que siguió, sino que además habría dejado en manos de los electores la resolución del conflicto. Como es sabido, el acuerdo no se consiguió y se desencadenó la guerra, casi todos los historiadores y analistas toman como punto de ruptura de la situación y desencadenante del enfrentamiento el cruce de Rubicón por parte de César. Esto es absolutamente falso, la ruptura ocurrió cuando Marcelo uno de los cónsules fue a ver a Pompeyo sin el respaldo del Senado y le ofreció una espada para que ” defendiese la República”, solo esta acción deslegitima la posición de esta minoría refractaria y dogmática, sirviente solo de sus intereses de clase, pero además en la subsecuente reunión del Senado, los tribunos de la plebe partidarios de César fueron vejados y expulsados cuando intentaron ejercer sus funciones constitucionales que hubiesen evitado la confrontación.

Hoy un pequeño grupo de no más de treinta congresistas ha acobardado a la mayoría del partido republicano tal y como hicieron inconstitucionalmente Catón, Bíbulo y demás; ellos no lo han hecho ilegalmente, faltaría más, pero los intereses que los mueven no son los que juraron proteger. Al igual que sus predecesores romanos solo quieren defender los privilegios de los que han llevado al país al precipicio. Podrían haber elegido muchos nombres para su pequeña camarilla, Catón y los suyos adoptaron el nombre de “los buenos” o ” los mejores”, pero los modernos congresistas se hacen llamar el “partido del Té” en memoria de aquellos que hartos de los desmanes impositivos de la corona de Inglaterra arrojaron un cargamento de esta infusión por la borda de un barco, su lema “no a la imposición fiscal sin representación” hoy deberían decir “no a los impuestos para los más ricos y privilegiados”.

Igual que entonces hemos sido secuestrados por un grupo de fanáticos, pero la culpa es nuestra, de la mayoría silenciosa, que nos dejamos conducir al límite una y otra vez por un grupo de ignorantes exaltados y ciegos.

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