Decadencia

He acabado de leerme hace poco “La caída del Imperio Romano” de Adrian Goldsworthy y he empezado “Economía humanista” una recopilación de artículos de José Luis Sampedro. Me llamó la atención que en el prólogo del libro de Sampedro se mencionaba la decadencia del Imperio Romano en una reflexión sobre la situación económica actual.

El libro de Goldsworthy es uno de los mejores (a mi entender) que he leído sobre el tema, no pontifica, expone los hechos conocidos (que en muchas ocasiones son pocos o ninguno) y usa el sentido común en el análisis de estos y las diferentes teorías propuestas a lo largo del tiempo. A medida que te acercas al final se va creando en tu mente la idea (es cierto que esa era la opinión que yo tenía antes de leerla) de que el Imperio Romano ni se cayó ni lo tiraron, se fue pudriendo lentamente hasta que se descompuso y finalmente se desintegró como estructura.

Hace pocos días estando tomando un café con mi madre y mi esposa en una de las terrazas de la calle Goya, al otro lado de la Biblioteca Nacional, se nos acercó un vecino de mi progenitora (que vive enfrente de la Plaza de Colón) para comentarnos lo que había sucedido el pasado domingo por la noche. Volvía a su casa cuando, antes de entrar en el portal, reparó en un grupo de individuos que con una maza golpeaban uno de los bancos de hierro forjado que estaba anclado en el hormigón del suelo. Subió a su casa y llamó inmediatamente a la policía, todavía los esta esperando.

Lo que suscita mi sorpresa no es la inacción de la policía, sino que a pesar de las constantes diatribas y sermones que le encasqueto (como este que leen) a todo aquel que quiere escucharme (o tiene la desgracia de no poder evitarlo), esos golpes de maza fueron para mi un poco como el saqueo de Roma, todo el mundo sabía que la ciudad no era lo que había sido, pero que los bárbaros la saqueasen fue un poco como la pérdida de Cuba para España, no suscitó indignación, ni desesperación, solo una resignación y aceptación de lo que había sucedido. Nadie intentó reaccionar y regenerar lo que había sido o mejorarlo, solo siguieron con sus vidas, abnegadamente aceptaron vivir peor cada día que pasaba, tal como ocurre hoy en España. Vivir mejor no significa tener más dinero o más bienes, sino ser más felices.

¿Que es lo que ocurre en este país para que ya no solo te atraquen, sino que bandas de saqueadores (si, eso es lo que son) arranquen el mobiliario urbano en pleno Barrio de Salamanca a mazazos para venderlo al peso, y que la Policía no se digne a acudir?. Como decía hace bastantes años a los damnificados por mi verborrea (sobre el tema de la crisis) “ojala me equivoque”, pero creo que lo que nos ocurre es lo mismo que le ocurrió a Roma, nos estamos pudriendo.

Como decía Albert Boadella (no recuerdo exactamente sus palabras) en España la política huele muy mal, a podrido, y hace falta regenerarla. Yo creo que soy más pesimista, toda España huele mal, el Gobierno, la oposición, la fiscalía y la justicia ambas tomadas por la cuotas y los “mandaos”, la banca pedigüeña y a la vez exigente de lo que no es suyo, la clase empresarial comandada por “Pufoman” (termino acuñado por el dibujante Vergara), los sindicatos comprados y amaestrados y en fin, los ciudadanos hemos sido cómplices por dejación de nuestras obligaciones políticas.
El postre de la “fiesta” española es decadencia sobre una cama de deuda aderezada con el recochineo de ataque repentino de responsabilidad global por parte del último chef de este banquete, el Sr. Zapatero, pero que no se nos olvide que fuimos nosotros quienes le elegimos. Aludiendo otra vez a Boadella en su obra “El retablo de las maravillas”, creo que consiguió retratar la putrefacción que en forma de estupidez e imbecilidad aqueja a nuestro país.

No importa lo buena y adecuada que sea la legislación que se aprobase (que está por ver), no importa el dinero invertido en educación, promoción empresarial etc. Son (en el caso de que fuesen buenas) magníficos tablones de roble clavados a una estructura de madera pútrida y carcomida, caerán por el propio peso de su cálidad al suelo. Esta situación se puede arreglar, pero como ha dicho Rosa lo importante no es que cambie el nombre del partido en el gobierno, lo que hace falta es una restauración y mejora de todo el entramado y estructura social, se puede hacer y cuanto antes mejor.

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