He sido una de las “víctimas” del ya famoso volcán islandés y sus cenizas. La susodicha nube me pilló en el aeropuerto de Bruselas, y trocó la rutina normal en una experiencia un tanto molesta pero no muy grave en lo que a mí respecta, otros han sufrido perturbaciones mucho más graves que han afectado (y siguen haciéndolo) a aspectos económicos, familiares y laborales.
No habiendo podido coger el avión el jueves y viendo el viernes por la mañana que la situación podría prolongarse decidí comprar un billete de autobús y cruzar Europa Occidental desde Bruselas a Madrid en compañía de mi jefe, en total y con los retrasos acumulados unas 24 horas. Pasé por la Fnac para buscar un libro con el que entretenerme durante las que sospechaba serian unas horas bastante largas (aunque finalmente no leí ni una página, ya que la conversación fue más que entretenida al igual que los paisajes). Mientras buscaba algún libro que despertase mi curiosidad (el que quería, el último de la trilogía sobre Escipión de Santiago Posteguillo, no lo tenían) me topé con uno en inglés cuyo título me llamo poderosamente la atención “Why Socrates died?” (¿Por qué murió Sócrates?). Las enseñanzas de este filósofo son uno de los cimientos fundamentales de mi manera de pensar, así que rápidamente cogí el libro y empecé a leer la contraportada, y me quedé perplejo.
Algunas veces uno puede tener sensaciones o intuiciones intelectuales, por ejemplo, uno cree percibir maquinaciones reivindicativas de referentes históricos como la orquestada bajo el gobierno del PP, de la cual yo iba percatándome de algunas manifestaciones. Se publicaba un libro con un título tan paradójico como “Un príncipe del Renacimiento: Felipe II, un monarca y su época”. En si el título no reivindica nada “sensu estricto”, pero de la misma manera que “Hitler: un gobernante del siglo XX” para alguien que desconociese totalmente los hechos y dichos de este personaje denotaría que fue uno más, y creo que determinados asuntos deben ser más fielmente referidos, aunque solo sea en un título. A mí me parece kafkiano que se pueda poner Felipe II y Renacimiento en la misma frase sin más. En una segunda percepción me entere que se preparaba otra obra literaria con el propósito de limpiar un poco la denostada figura de Fernando VII; por lo que se o fracaso totalmente, o desistieron.
En esta misma línea, desde hace años tengo la sensación de que existe una “conspiración” para criticar a determinados personajes históricos y ensalzar a otros desde el punto de vista neoliberal sajón. Una de sus víctimas preferidas es Julio Cesar, al que han conseguido enterrar y clasificar de tal manera que ya nadie, ni la izquierda se fija en la importante contribución de este político al buen gobierno de la cosa pública. Algunos autores supieron ver mas allá de las simplezas vertidas con el fin de enturbiar nuestra visión, por citar algunos muy conocidos, Bernard Shaw en su obra de teatro “Cesar y Cleopatra” nos muestra la siguiente escena: Lucius: “Las posibilidades están en contra tuya, Cesar. Me voy” Rufio: “eso quiere decir que es un Republicano” Lucio: “¿y qué eres tú?” Rufio: “Un cesariano, como todos los soldados de Cesar” Cesar: “Lucio, créeme, Cesar no es cesariano. Si Roma fuera una auténtica república entonces Cesar sería el primero de los republicanos. Pero tú has hecho tu elección. Adiós.”. La visión que nos transmite un premio Nobel de Literatura como Theodor Mommsen (concedido precisamente por su obra “Historia de Roma”) chirriaba con la aceptada normalmente en los círculos universitarios. Actualmente existe una obra que (desde una perspectiva progresista) empieza a corregir siglos de miopía forzada, es de Michael Parenti titulada “El asesinato de Julio Cesar”, en el que se remonta a la paralización del proceso de “democratización” de la República Romana y a los asesinatos de los Gracos para ilustrar que fueron un grupo de usureros y resentidos (el noble Bruto era usurero y Cesar había prohibido el interés compuesto y limitado el normal al 10%) los que asesinaron a Cesar no con la intención de restaurar la República, sino con la de seguir cargándosela. Bernard Shaw deja muy clara la calaña de tales individuos: “Se dice que con motivo de su asesinato por parte de una conspiración de los moralistas (son siempre los moralistas los que hacen del asesinato un deber, en el patíbulo o fuera de el)”…
Los dos ejemplos que he puesto, el de la rehabilitación de unos Austrias que merecen todo el desprecio de aquellos que consideran que el buen gobierno de los asuntos públicos debe ser el objetivo de los gobernantes (los que abanderan la contención del gasto público y del derroche del estado deberían fijarse en las bancarrotas de aquellas épocas) y el de la manipulación histórica sobre la figura de Cesar y la República Romana no me habían preparado para lo que leí en el resumen de la obra sobre Sócrates.
La clase dirigente de Atenas tenía motivos circunstanciales según el autor (no empiezan vertiendo mierda directamente sobre personas o ideas respetadas, empiezan matizando) para condenar a Sócrates, pervertía el respeto por la autoridad de los jóvenes y el temor a los dioses en una época de dificultades para Atenas (la guerra del Peloponeso). Lo condenaron y pensaron que haría lo que ellos hubiesen hecho, escapar, y en una refutación fáctica de todos los cargos que se le imputaban Sócrates respeto la ley que sus jueces y verdugos torcían miserablemente. Todos querían que escapase, lo podría haber hecho a pie y a plena luz del día, pero él permaneció y dejó que el tábano de las conciencias atenienses fuese aplastado por aquellos que habían puesto a Atenas en la tesitura en la que se encontraba.
Cenizas y más cenizas, el volcán de la confusión mental (y de este la culpa es de todos, no de los islandeses, y no es que tengan ninguna culpa del de verdad) impide al espíritu humano, a la razón, a lo que somos, que no es más que conciencia de ser, intentar ver la realidad. De esto en España vamos sobrados, por la izquierda de Zapatero y por la derecha de Rajoy, no hacen más que arrojar cenizas para que no nos fijemos en los problemas y sus posibles soluciones, solo quieren seguidores que vuelen a ciegas, para llevarnos de la manita a la urna y decirnos que papeleta meter. Por ello, apoyo las medidas de la UE (habiendo sido uno de los damnificados), hemos de cerrar los cielos hasta que las cenizas no impidan la navegación cognitiva, mientras, camínenos para luego poder correr y finalmente levantar el vuelo. Según el autor del engendro la acusación de impiedad era cierta, ya que Sócrates se refería muchas veces a una voz en su cabeza, los que le condenaron confundieron conciencia con dioses inspiradores y extraños. Este “partero de la verdad” se definía a sí mismo con la poco agradable imagen de un tábano, pero los tábanos vuelan, a nosotros las cenizas no nos dejan.
Sócrates y el volcán
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abril 21, 2010 a las 4:32 pm |
Ya tenia que salir el Julio…. en cualquier caso otro de los cimientos fundamentales de tu manera de pensar el joven viejo que vivía en una biblioteca, seguro que te recordaría que no existe una historia sino historiadores, que ningún especialista va a conseguir abarcar por si solo la verdad objetiva.
Recomiendo la lectura del discurso de Sir Karl Popper con motivo de su investidura como doctor Honoris Causa de la UCM en 1991, donde proclama que Socrates sigue siendo el pensador de “mas palpitante actualidad” y añade que cuando encontremos la verdad objetiva sera como consecuencia de todos los errores cometidos en el camino en el camino recorrido su busqueda.
Y dicho esto !QUE VIVAN LOS REVISIONISMOS!