No voy a explicar o defender la enorme influencia de la publicidad o propaganda en el entorno social y en los individuos en particular, eso es algo que los cientos de miles de millones de euros que se gastan en la misma y que determinados “maestros” como Goebbels, demuestran por la vía de los hechos. Uno de los problemas fundamentales que nos podemos encontrar a la hora de regularla, es la protesta de los sectores que dicen defender la libertad de expresión. Efectivamente es un problema, pero quiero poner una serie de ejemplos que hacen que me decante por un debate social y político de lo que debe estar permitido o no en la publicidad, no tanto en el contenido (con lo cual evitaríamos la censura) sino en la forma, evitando así el engaño:
Una conocida marca de helados tenía un anuncio en el que se decía lo siguiente (evidentemente dirigida a los más jóvenes): “sabes que tienes la música al volumen adecuado cuando los vecinos golpean/aporrean la pared”
Una marca de galletas mostraba a un extraño ser (un monstruito) que necesitaba urgentemente leche para tomarse sus galletas y le hablaba a un exprimidor diciendo “he visto lo que haces con las naranjas ¿si te traigo una vaca me darás leche?” en este caso este spot formaba parte de una serie con el mismo protagonista, pero lo que me llamaba la atención era la coletilla final en la que después de ver al “bestia” del monstruito en cuestión se pedía (puedo suponer que a los infantes y adolescentes) que mostrasen lo bestias que son en “soybestial.com”.
Una cadena de hamburgueserías mostraba un anuncio en el cual (con dibujos animados, no actores) se veía a una fila de niños en lo alto de una colina montados en triciclos y bicicletas. La escena es una pantomima de la que en la película Bravehart veíamos a Wiliam Wallace arengando a su ejército a luchar por la libertad. El comercial mostraba al “líder” de este ejercito de niños diciéndoles “os voy a llevar a un lugar donde podréis comer con las manos, un lugar donde podréis levantaros de la mesa a jugar cuando queráis”, creo que añadía alguna que otra cosa por el estilo pero no lo recuerdo.
Hace muchos años (puede que a principios de los 90) una conocida marca de refrescos tenía en su anuncio a un grupo de jóvenes con skateboards o monopatines haciendo sus filigranas y una voz en off preguntaba (otra vez me imagino que a los más jóvenes) “¿estás loco?, bebe XXXXX”. ¿que será los próximo? “¿estás grillao?, pues vota”.
Existen muchos ejemplos, dirigidos a diferentes estratos de consumidores, por edad, gustos, clase social etc. En muchos de ellos se relacionan productos alimenticios con actitudes “guais” o “cool” como natillas, batidos, etc, cosas que evidentemente no tiene nada que ver con los aspectos nutricionales o degustativos de los productos en si. Otros pretenden presentar su producto como la elección de los independientes, de los excluidos que no son unos borregos y no siguen la línea tradicional, en uno de ellos se ve una ciudad bombardeada a naranjazos que causan muchísimos destrozos y al final se ve a un extraño tipo dando a entender que su bebida es la de los incomprendidos. Coches que se transforman en robots y bailan, futbolistas que son más chulos que un ocho y no saben o no quieren pronunciar bien el nombre de la bebida que promocionan porque en su barrio se dice así. Mi preferido, los bancos o empresas que nos comunican que su objetivo en la vida es nuestro bienestar, pues deberían denunciarlos, ya que en teoría su obligación es darles el máximo beneficio a sus accionistas, a uno de los dos grupos le están tomando el pelo, y creo que se lo toman a los dos.
La lista de estupideces y de recursos zafios puede ser interminable, por eso creo que la publicidad debería estar regulada para que se ciñesen al producto en cuestión y sus virtudes, que si un famoso promociona algo diciendo que lo consume desde hace varios años, eso debería demostrarse o prohibirse. El colmo de la impudicia me parece un anuncio de dentrífico el cual al final añade “recomendado por dentistas españoles”, ¿donde a quedado aquel “tres de cada cuatro recomiendan…”?, ¿es que el público no se da cuenta que ese dentrífico podría estar recomendado solo por dos dentistas españoles? y que eso ya les da el derecho a utilizar el plural, lo cual hablaría bastante mal del producto, porque si la marca de este tuviese datos que apoyasen que la mayoría de los dentistas españoles lo recomiendan los darían.
Es desesperante. Como decía el patriarca de la familia en la película “La gata sobre el tejado de zinc” “¿no oléis eso?, el olor a mendacidad”, pues ese olor es el que predomina en un sector al cual toda la población esta expuesta varias horas al día, y como el olor a tabaco, este se pega, pero no a la ropa sino a la fibra moral y a las neuronas.